Hace algún tiempo que estrené una Nintendo Wii y quedé sorprendido ante un detalle bastante curioso. La máquina era capaz de detectar qué persona tenía el mando a cada momento, ofreciéndole la posibilidad de jugar con el personaje que lo representaba en la pantalla. Al borde de la rayada, esta vez no había bebido (os lo juro) empecé a cambiar de mando, a resetear la consola, en definitiva no estaba tranquilo ante la perturbable sensación de que, de alguna manera la videoconsola era capaz de reconocerme. Y lo que es más importante, diferenciarme con respecto al resto de jugadores humanos que estábamos en el salón. ¿Casualidad? Me gustaría pensar que sí.
La transposición a la vida en internet llegaba minutos más tarde. ¿Qué nivel de información pueden llegar a obtener de nosotros los motores de búsqueda? Gracias a una herramienta tan sencilla como Google Analytics somos capaces de saber el número de personas que nos visitan en cada blog de la red, qué sistemas operativos tienen instalados, sus resoluciones de pantalla, cuanto tiempo permanecen en la página, desde donde han llegado, si es la primera vez que nos leen… Por otra parte, cualquier usuario sabe cuales son sus páginas favoritas de manera más o menos consciente, la palabra mágica a teclear en google, yahoo o msn para acceder a la información que necesita consultar.


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